La compañía celebra su aniversario manteniendo el liderazgo y con la mirada siempre puesta en la innovación. “Nuestro crecimiento se apoyó en establecer una alianza con el mercado, el respeto de los acuerdos con los distribuidores y en dar respuesta con productos confiables”, destaca Sergio Nosovitzky.

 

Para la mayoría de los argentinos, 1986 es un año marcado por el fútbol gracias a la obtención del campeonato mundial. La diferencia entre los jugadores puede darse por su condición física y habilidad, pero sin lugar a dudas el equipo que gana es el que mejor planifica, ejecuta y toma las decisiones más acertadas en el momento oportuno, y mejor aun si tiene la capacidad de anticipar las jugadas. Este ejercicio es el que practica Sergio Nosovitzky, un hombre de temperamento inquieto y entusiasta que se adelantó a los tiempos actuales y que lo define como un emprendedor.
Su primer medio siglo de entrenamientos lo convirtieron en un especialista en el mundo del plástico. Sin embargo, cuando sintió que alcanzó todo y creyó que su vida laboral había llegado al límite, decidió retirarse: “Me puse a jugar al squash, a la paleta y al tenis pero no me sentía bien… el médico me dijo ‘Sergio vos tenés que sentir algo de estrés’, entonces reuní a mis hijos y les propuse hacer algo nuevo”. El encuentro con Judith y Daniel (Ary todavía era menor de edad) le sirvió para darse cuenta que debía aprovechar su experiencia. 
La nueva aventura apareció en la charla con un amigo del club, dueño de una fábrica textil. El desafío: plastificar telas para ser usadas como contrafuerte de talones de zapatillas y en puntera de valijas. ¿Cómo fundir el plástico con la tela?... Para resolverlo, primero había que montar una fábrica y fue el momento de sumar a quien hasta hoy es su estrecho colaborador, Alberto Vatri: “Estaba por irme de vacaciones pero recibí un llamado: era Sergio que me dijo ‘tenemos un cliente’, solamente que debíamos armar una máquina a partir de una foto”, recuerda con orgullo. “Éste fue el puntapié para aprender y desarrollar láminas plásticas y las técnicas de termoformado”.

El desafío: plastificar telas para ser usadas como contrafuerte de talones de zapatillas y en puntera de valijas.

El descubrimiento

El manejo de las láminas de polipropileno le permitió a Cotnyl incursionar en la fabricación de una amplia variedad de artículos para librería y de uso publicitario: carpetas, agendas, viseras e incluso imanes (fueron los primeros en introducirlos para el mercado local). Pero el momento clave se dio en el ’92. Sergio cuenta que: “en un viaje por Europa vi que estaban utilizando el polipropileno para termoformar envases para alimentos, se lo denominaba el plástico verde. Tenía la propiedad de poder ser calentado a 120/130 °C sin sufrir alteraciones. Así que volví decidido a fabricar envases acá”. 
Una vez satisfechos con el producto se lo dio a conocer mediante un aviso en el diario que rezaba “vendemos bandejas de polipropileno”. El primer pedido fue de 20 cajas, luego fueron 50, 100 y… “a los dos meses teníamos tal demanda que no queríamos atender el teléfono”, se ríe.

Para incrementar la producción fueron en busca de una máquina nueva, pero como el fabricante demoraba la entrega adquirieron dos usadas, y en tiempo récord lograron adaptarlas y ponerlas en marcha. Recién en el ‘94 compran la primera máquina termoformadora “0 Km” de molde compartido que les permitiría producir las bandejas a escala. 
Conformada la matriz, advierten que les quedaba un pequeño espacio libre y deciden aprovecharlo para crear una bandeja de 80 × 40 × 35 mm., el ítem 101. “¡No se la podíamos vender a nadie! Llegamos a producir 2 millónes de bandejas, ya no sabíamos qué hacer con el stock, pensamos en molerlas para reciclarlas…”, hasta que llegaría una nueva sorpresa: “fue Neopel que nos preguntó si aún teníamos este modelo. Nos pidió una pequeña partida y al poco tiempo nos liquidó todo el stock”. 
Algo parecido sucedió con la 105R. A partir del pedido de un distribuidor brasilero desarrollaron esta bandeja con el propósito de reemplazar a una de aluminio que ellos utilizaban para consumo masivo. La promesa había sido “nos vamos a cansar de venderla”, pero el fracaso duro poco porque más tarde sería una de las más vendida en nuestro país.

Lo que viene

Hoy Cotnyl es la marca de bandejas de polipropileno que más se consume en la Argentina. Cuenta con un porfolio de 400 artículos que se comercializa a través de una red de 150 distribuidores. Un aspecto que la empresa ha cuidado desde siempre: “Nuestro crecimiento se apoyó en establecer una alianza con el mercado, el respeto de los acuerdos con los distribuidores y en dar respuesta con productos confiables”. En este sentido, también realiza envases especiales para la industria alimenticia, y provee láminas en bobina, elaboradas con extrusoras de última generación, como insumo para el mercado del plástico.

Las últimas innovaciones de Cotnyl están orientadas al uso del PET, con tecnología Alemana certificada por el INTI y la FDA.

Las últimas innovaciones de Cotnyl están orientadas al uso del PET, con tecnología Alemana certificada por el INTI y la FDA. “Y tenemos todo el conocimiento para el desarrollo del C-PET, un PET cristalizado que ofrece mayor resistencia al pasaje de oxígeno (alta barrera) y que soporta temperaturas en el rango de los 220°C”, explica Sergio, y agrega: “Aquí todavía no se usa masivamente porque el usuario no está acostumbrado a comer alimentos precocidos que saca del freezer con la bandeja y las calienta en el horno o el microondas”. Además, con 82 años cumplidos, arriesga: “Lo nuevo son los biopolímeros plásticos derivados de los vegetales, por su condición de biodegradable. En Argentina nos va a costar por lo menos 8 a 10 años para que sean usados de forma corriente”.

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